Crisis

Más allá de la crisis

 

Hoy en día, cuando tanto se habla de crisis, debemos preguntarnos sinceramente y honestamente, si todo lo que nos rodea está o no en una verdadera crisis. Y es que existen valores que nunca deben desaparecer por mucho que el contexto socioeconómico sea desfavorable. Valores que deben primar por encima del bien individual, o del interés material y/o ficticio. Esos valores serán los que, sin duda, nos harán resistir “vendavales” o “fuertes tempestades” y aunque nos arremetan con despiadada violencia contra nuestro “muro vital”.

¿Y de qué valores estamos hablando? ¿Cuáles son esos que nos harán resistir o nos harán crecernos ante la desesperanza o ante la angustia o la tristeza? Pues, son los valores cristianos, que suman y no restan, que nos acercan a un Dios bondadoso y cercano de sus hijos/as y que nos hará ver a las personas como hermanos y no como enemigos.

Es en una época de crisis, justamente, cuando más debemos replantearnos, si la vida que llevamos es la que nos sacia, la que nos llena y la que nos aporta la felicidad que ansiamos. En muchas ocasiones, no nos planteamos cómo hemos llegado hasta dónde lo hemos hecho, o si el camino que hemos ido eligiendo es el que verdaderamente nos hace felices, si hemos ido escogiendo el camino que nos dictaba nuestro corazón o si, por el contrario, ha sido el que simplemente nos han indicado, o en el que nos hemos dejado arrastrar con paupérrima pasión.

Entonces, si la respuesta es la que nos dicta el corazón, demos un giro radical, cambiemos, porque siempre hay tiempo para ser valientes. Abandonemos esa etiqueta de “vagos vitales” y demos un paso adelante, con decisión, sin miedos, sin vergüenza y acercándonos a ese Dios Amoroso y Acogedor, que nos espera con los brazos bien abiertos, para ser testimonio de esperanza, de gratuidad, de ilusión por entregarse y por darse sin medida a los demás.

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