Misericordia nos humaniza

LA MISERICORDIA NOS HUMANIZA

En cierta ocasión, un peregrino pasó por un poblado, tocó en una de las casas a pedir agua. Salió el propietario y le explicó que era sábado, y era el día de descanso de la policía y como muchos desalmados lo sabían, durante un tiempo se aprovecharon de eso. Así que aprobaron una ley en el pueblo que se prohibía hacer favores los sábados a los forasteros.

El forastero fatigado y sediento lo intento en todas las casas obteniendo la misma respuesta.

A punto de desfallecer, salió de un portal, una muchacha con una jarra de agua. Casi todo el pueblo que observaba por la ventana de las casas, salió y advirtió a la joven, que estaba incumpliendo la ley, y que corría peligro. La muchacha miró a su alrededor y dijo.

 

-. ¿Y si muere, en qué nos habremos convertido nosotros?

 

-. Sí…, dijo un vecino, ¿y si te hace mal?

 

La muchacha respondió.

 

.- “El será la víctima de su mal y yo convertiré mi alma en la conciencia de lo que quiero ser.”

 

Y añadió la joven.

 

 

-. ”Si no es buena gente, nuestro gesto puede hacerle cambiar, rezaremos por él. Si es buena gente, beberá, seguirá su camino y rezará por nosotros.”

 

 

Como dijo un sabio un día:

 

La Justicia, las leyes, las normas y reglas nos igualan, nos colectivizan, nos socializan, pero la misericordia en su cumplimiento, nos humaniza, nos da el reconocimiento de ser humano único e irrepetible desde donde relacionarnos con los demás.

 

 

“No está hecho el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre.”

 

 

Ojala, nuestro miedo, nuestro orden establecido, no sea nunca más fuerte que nuestro amor.

 

 

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