LA SEMANA

 

“LA SEMANA”

 

Un recurso de protección de menores es el acogimiento familiar de los mismos,

durante un tiempo, hasta que puedan regresar con su familia. En muchas

ocasiones, cuando los menores regresan y los acogedores no están seguros

de que su situación familiar ha mejorado suficientemente, sienten (y lo sé por

experiencia) que el acogimiento no ha tenido sentido.

 

Tú sabes que nuestro club, a pesar de ser uno de los grandes equipos de

la Primera División, se creó, hace más de 75 años, para que los chavales

del barrio se beneficiaran de practicar un deporte de equipo como el

fútbol. Poco a poco, se fueron creando equipos de distintas edades y el

primer equipo, el de los más mayores, fue escalando categorías hasta la

primera categoría nacional.

Como miembro destacado del club conoces de sobra la tradición de

“la semana” . Te he llamado para hablarte de un secreto sobre la

misma. Te lo revelaré a ti y si aceptas mi propuesta, lo guardarás hasta

que tu mismo decidas transmitirlo a otra persona.

Desde un principio se impuso la costumbre de que cada jugador, de

cualquier categoría, entrenara, al menos una semana, con el equipo de

la categoría superior. Se pensó que esto influiría positivamente en la

motivación de todos ellos y les ayudaría a esforzarse en mejorar.

Sin embargo cuando el fútbol se fue convirtiendo en algo más que un

deporte, y cantidades enormes de dinero comenzaron a manejarse en

las categorías profesionales, los fichajes de figuras de otros países o

clubes comenzaron a impedir que los jóvenes de la cantera llegaran al

primer equipo.

Fue entonces cuando alguien planteó que la tradición era de una

crueldad insultante. Que todos los jóvenes del equipo filial fueran

sucesivamente entrenando con los del primer equipo, si sólo uno o dos

de ellos llegaría a jugar en Primera División, no sólo no era motivador,

sino simplemente una tortura.

Un enconado debate se abrió al respecto entre los miembros de la

Junta Directiva. Al final se encargó a una comisión de expertos que

analizaran la cuestión y, sobre todo, que ofrecieran datos de si la

tradición servía para algo. Durante meses los expertos repasaron los

datos de promoción de los jugadores de una categoría a otra y los

compararon con los obtenidos de otros clubes. Finalmente en una

Asamblea General la comisión expuso sus conclusiones:

Hemos encontrado que nuestro club tiene un porcentaje del 10%

 

más de promoción de la cantera al primer equipo que los

competidores. Creemos que esta diferencia sí es atribuible a la

tradición de “la semana” pero pensamos que este efecto no

justifica el sufrimiento de todos aquellos canteranos que se

quedan con “la miel en los labios” . Nuestra opinión es que tan

sólo deben entrenar con el primer equipo aquellos jugadores del

filial que apunten posibilidades de jugar en Primera División.

Cuando ya el presidente de la Asamblea se disponía a someter el

asunto a votación, desde el fondo de la sala una antigua estrella del

club, pidió la palabra:

Propongo que en lugar de el Sí o el No a “la semana” se vote qué

porcentaje de promoción justificaría que se mantuviera y que se

me concedan dos temporadas para trabajar en ello.

A la mayoría de la Asamblea la propuesta les pareció descabellada,

pero todos recordaban los momentos de gloria que su promotor había

supuesto para el nuestro club. La Asamblea estimó que un 20% sería

suficiente para que “la semana” tuviera sentido.

Aquel personaje, que se dedicaba entonces a entrenar al equipo filial,

había repasado en su memoria “su semana” con el primer equipo

cuando él sólo era un jugador mediocre de los juveniles. A su cabeza

sólo venía la imagen de la cara y los gestos de admiración de varios

jugadores del primer equipo cuando en uno de los entrenamientos, él

consiguió meter un bonito gol. Luego en su carrera profesional consiguió

meter muchos más goles. Más bellos, más difíciles, más importantes…

pero siempre le venía a la cabeza aquel gol. Con este sentimiento no

podía dejar desaparecer la tradición de “la semana” porque formaba

parte de su vida. Y comenzó a trabajar.

Dos años después llegó el momento de rendir cuentas ante la

Asamblea. Los datos eran contundentes. En la segunda temporada, 2

de los 23 jugadores del segundo equipo comenzaron a jugar en la

Primera División, y para la próxima temporada, el equipo técnico había

propuesto la promoción de 4 más. Comparado con los datos de otros

clubs se llegaba al nivel que la Asamblea había acodado y, por tanto,

se decidió seguir con la tradición de “la semana” , siempre que el viejo

entrenador se encargará de ella o una persona de su confianza.

Yo fui la primera persona a la que él confió su secreto y tú eres quien yo

he elegido para su continuidad. Así que, si aceptas, ponlo en práctica y

en su momento transmítelo a tu sucesor.

La clave no es que los chavales entrenen una semana con los de la

Primera División. La clave es que durante la misma metan un gol. Para

ello deberás trabajar duro y con discreción. Cada vez que un chaval

vaya a entrenar con el primer equipo habla en privado con tres o

cuatro jugadores del mismo, sin que cada uno de ellos sepa que has

hablado con los otros. Pídeles, por favor, que en los partidillos sean

generosos con el chaval y que, si pueden, les pongan el balón “a tiro” .

Así es fácil que el chaval consiga marcar al menos un gol y, te aseguro,

que los primeros que se dirigirán a felicitar con admiración al chaval son

tus cómplices secretos que no le facilitaron ese pase.

Sólo tienes que hacer esto. No te puedo asegurar que ese chaval sea

de los que la temporada siguiente pasen al primer equipo, pero si te

aseguro que en todo caso, ese gol le ayudará a resistir la decepción de

no hacerlo.

Por cierto, yo soy uno de ellos. Nunca jugué en Primera División pero mi

vida es el fútbol y muchas veces les cuento a mis nietos el gol que le

marqué al mítico portero que ganó cuatro veces la Gran Liga.

Y también me acuerdo de tu gol, en el que por cierto… no intervino

ninguno de los “tutores” que yo había preparado.

 

 

 

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