Amame

¿ES POSIBLE CAMBIAR?

Durante algún tiempo he contado cuentos o reflexiones que me venían a la cabeza. Hoy voy a contar una historia real. Le pasó a un buen amigo misionero, él siempre la cuenta en tercera persona, pero yo estoy convencido que le paso a él.

Cuenta que un día un misionero se acercó al centro del poblado donde iba a predicar, allí había un gran tumulto, su sorpresa al acercarse fue como una gran masa de hombres mujeres y niños linchaban con saña a palos y patadas a un joven que lo habían pillado robando. Todo bajo la atenta mirada de 6 ó 7 soldados armados y que no hacían nada.

Al ver este espectáculo se entristeció, se puso la capucha por encima, se armo de valor y cogió un cubo con jabón y una esponja. Pudo a duras penas hacerse hueco entre la multitud y recibiendo sin querer algún palazo se puso a lavarle las llagas y heridas a ese pobre hombre. Un soldado se le acercó y le apuntó con el arma, todos se detuvieron en ese momento, el misionero alzó la vista, miró al soldado fijamente a los ojos y éste bajó el fusil, todos dejaron de dar golpes y fueron desapareciendo poco a poco.El ladrón también se fue como pudo.

El misionero decidió irse por esta vez a casa. A los pocos días el ladrón apareció por casa del misionero y sin decir nada le ofreció un cesto de pescado que el mismo había recogido, así durante varias semanas hasta que desapareció.

Como educador me planteo:

“no sé muy bien si la gente puede cambiar o no, pero de lo que si estoy seguro es que si lo hace es gracias al amor” y como reza un dicho:

+++Ámame cuando menos lo merezca, pues es cuando más lo necesito+++

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